La lluvia era ensordecedora, un tamborileo implacable contra el asfalto del puente.
Aria dejó caer el paraguas. Se alejó con el viento, dando vueltas por la carretera, inútil. A ella no le importaba. Corrió los últimos pasos, agarrando a Vivienne por el brazo justo cuando se balanceaba peligrosamente cerca del borde.
"¡Vivienne! ¡Detente!" Aria gritó, su voz atravesó la tormenta.
Vivienne se giró, su rostro era una máscara de rímel arruinado y desesperación. Parecía pequeña. Roto. La feroz e