El sol apenas había salido cuando el suave zumbido de las maletas llenó la habitación de Aria. La abuela Eleanor estaba de pie junto a la cama, doblando cuidadosamente sus chales en una maleta pequeña.
“Abuela, desearía que te quedaras un poco más”, dijo Aria en voz baja, su voz pequeña, sus ojos cansados pero cálidos.
Eleanor se giró y sonrió, esa misma sonrisa gentil que siempre hacía que Aria se sintiera segura. "Querida, a veces el amor significa saber cuándo dar un paso atrás. Puedo de