Arriba, en la habitación de Damian, Selene estaba parada frente al espejo, su reflejo brillando en la suave luz del atardecer.
Sus labios se curvaron en una sonrisa lenta y diabólica, del tipo que no llegaba a sus ojos.
Se ajustó el tirante de su vestido de satén rojo, inclinando la cabeza lo suficiente para admirar su obra. Cada detalle fue deliberado, desde su cabello suavemente rizado hasta el colgante de diamantes que descansaba justo encima de su clavícula.
Parecía una tentación hech