Por la noche, Damian regresó del trabajo, con los hombros tensos tras el largo día. Arrojó la chaqueta del traje sobre el sofá y se dirigió directamente al baño. Mientras el agua caliente empañaba el vaso, se paró debajo de la ducha, dejando que le corriera por la cara, esperando que le quitara el estrés.
A mitad de refrescarse, su teléfono empezó a sonar en el mostrador.
Comprobó el identificador de llamadas.
Abuela Eleanor.
Damian suspiró, agarró una toalla y respondió.
“Buenas noch