Al otro lado del restaurante, Damian y Selene estaban sentados junto a la fuente, riendo durante el desayuno. Damian, por una vez, parecía relajado, sin hielo en su expresión, sin tono agudo, solo calidez y tranquilidad. La vista casi hizo reír a Aria a carcajadas.
“Qué lindo”, murmuró en voz baja.
Mientras se acercaba, la risa de Selene vaciló. Ella se giró ligeramente y se congeló.
Sus ojos se abrieron sólo una fracción. "¿Aria?" dijo, tratando de parecer sorprendida pero fallando miserab