Ánsar se quedó atónito por un momento y no contestó, sólo sonrió.
Huntley se dio la vuelta y dijo: —He oído que el presidente Ramírez tiene en su casa unas plantas muy valiosas y raras, y ahora están de temporada, ¿así que me pregunto si tendría el placer de verlas?
—¡Claro! —Ánsar contestó a toda prisa—.¡Alteza, por aquí!
Huntley siguió a Ánsar para ver las flores, riendo y bromeando, y Hera se endureció al ser dejada atrás por los dos.
—¡Alteza, perdónelos! —La consoló suavemente la doncella q