—Su Alteza ...
La criada cambió instantáneamente de expresión.
—Su Alteza no sea impulsiva, su majestad ha tenido órdenes de que nadie pueda verla...
—¿Qué, ahora mi palabra no significa nada para ti?—. Las cejas de Hera se alzaron: —¡Si te digo que te vayas, vete!
La ciada no tuvo más remedio que dirigirse al palacio oeste.
Hera estaba en el balcón, mirando fríamente la animada boda en la distancia.
Su boca se curvó con una sonrisa viciosa.
...
Tras dar las gracias a las dos bordadoras, Soledad