Así como cada corte que Andrés alguna vez infligió a Carla.
Álvaro aspiró profundamente, no había imaginado que como médico, llegaría un día en el que haría cosas tan crueles como un demonio.
Sus manos temblaban involuntariamente.
No era por haberse convertido en un demonio, sino por las injusticias sufridas por Carla.
"Doctor, ya podemos comenzar a suturar."
"Está bien." dijo Álvaro con una expresión imperturbable mientras miraba a Andrés, quien yacía exhausto y jadeante.
No moriría.
Unos días