Ánsar se quedó paralizado en el lugar.
Su corazón parecía ser golpeado violentamente, una oleada de dolor punzante y palpitaciones desordenadas.
Lucía lo miró con cierta extrañeza, sin pensar demasiado, se dio la vuelta y subió al coche. Omar llamó al conductor y ambos la escoltaron.
Justo cuando el coche acababa de salir, Ánsar de repente volvió en sí y condujo apresuradamente para alcanzarlos.
En todo el camino, siguió el coche de Lucía, su mano aferrando firmemente el volante, temblando sin c