Jorge estaba sentado en la terraza al aire libre del Hotel Corte Real, con un cigarro que casi se había consumido entre sus dedos. El horizonte lejano del mar brillaba con destellos, mientras las aves marinas planeaban en el aire y las velas blancas salpicaban el paisaje, que era simplemente hermoso.
El teléfono vibró en la mesa con un "zumbido", era un mensaje de transferencia de cuatrocientos dólares.
Samuel y Juan intercambiaron una mirada y se rieron abiertamente. Samuel habló con despreocup