Tan pronto como apareció Polo, todos lo miraron atentamente.
La expresión fría y seria de Domingo finalmente se alivió un poco.
—¿Vuelves?
Polo lo asintió, —Sí, abuelo.
Domingo levantó la barbilla y le indicó que se sentara. Sin embargo, Polo caminó lentamente hacia el centro de la sala de conferencia y se detuvo aquí. Su mirada recorrió los rostros de todos y el poderoso aura a su alrededor hizo que la gente ni siquiera se atreviera a respirar.
Carlos lo miró aturdido, las comisuras de su boca