—Estoy bien —Lynn inhaló profundamente, dio una sonrisa forzosa, y golpeó suavemente el dorso de la mano de Lucía.
—Lynn —esta titubeó por un momento. Quería decir algo pero no lo hizo, y susurró, —Bueno, descansa temprano. Si tienes algo en tu mente, no lo guardes. Imagínate que yo sea una cavidad en el árbol y cuéntamelo.
—Pero si no quieres hablar de eso, no te preguntaré más.
—Lucía, yo... —ella vaciló.
Después de un buen rato, susurró en voz baja—: Siento que no merezco a Álvaro.
—¿Qué?
—N