—Vamos, despídeme
—insistió el chico en un susurro.
—No… n-no puedo…
—tartamudeó ella sin aliento. Sintió la sonrisa de él sobre su piel sensible.
—¿No puedes o no quieres?
—Al no recibir respuesta siguió avanzando hasta llevar a la comisura de sus labios—. Vamos, Sofia, sé que quieres ser mía… —No voy a dejar a mi esposo.
—Logró decir con los ojos cerrados.
—Sé que no puedes, o no quieres, no lo sé bien, pero sí sé que no lo amas. Algún día averiguaré la verdad.
—¿Señora Gottier? ¿Sofi