Como siempre, dejó caer la bata quedando en ropa interior con un brasier sin tirantes y unas bragas que dejaban poco a la imaginación. Él pasó el vestido por la cabeza procurando no desarmar el peinado dejando que la tela cayera por si sola amoldándose al cuerpo de la chica.
Como siempre ambos se observaron a través del espejo regalándose una sonrisa de satisfacción. El asesor se arrodilló para colocarle las sandalias.
—Me sorprende tu elección
—comentó Sofia.
—De vez en cuando debes parece