Sebastian seguía en la misma posición, ahora con las manos en los bolsillos de su fino pantalón mirándola detenidamente. Sus ojos parecían aburridos, el tigre descansaba y dejaba que el hombre fuera el protagonista, tragó en seco cuando él sonrió.
—Lo hiciste bien, pensé que saldrías corriendo cuando te besé.
—No lo esperaba —contestó ella sin despegar los ojos de él. Sebastian asintió.
—Lo sé, tendrás que hacerte la idea que así será cuando estemos en público.
Seremos dos personas correcta