Mundo ficciónIniciar sesiónLa mansión Salvatore estaba casi a oscuras cuando entré. El silencio era tan denso que parecía colgar del techo como una telaraña húmeda, arrastrándose sobre mi piel mientras recorría el pasillo. Todavía tenía el perfume frío de la iglesia en las manos, y la voz de Ivy—su veneno, su verdad torcida—repitiéndose en mi cabeza como un mantra que no quería recordar.







