Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa mansión Salvatore estaba casi a oscuras cuando entré. El silencio era tan denso que parecía colgar del techo como una telaraña húmeda, arrastrándose sobre mi piel mientras recorría el pasillo. Todavía tenía el perfume frío de la iglesia en las manos, y la voz de Ivy—su veneno, su verdad torcida—repitiéndose en mi cabeza como un mantra que no quería recordar.
“Yo fui quien lo sostuvo cuando tú dormías con su enemigo.”
“Y aún así nunca te eligió a ti.”
Mis propias palabras seguían ardiéndome en la boca. Dolían. Todo dolía.
Subí los escalones sin saber si quería encontrarlo o e







