El campus ya no se sentía como un sistema en transición, sino como una estructura que había empezado a reorganizar sus propias condiciones de origen sin necesidad de esperar nuestra validación, y esa diferencia, aunque difícil de aislar en un primer momento, se manifestaba en la forma en que las interacciones dejaban de depender exclusivamente de nuestras dos dinámicas para empezar a sostenerse sobre patrones derivados que no habíamos diseñado de forma consciente, como si el sistema hubiera inc