La verdad no apareció de golpe ni con la claridad de una revelación ordenada. Emergi ó como lo hacen las cosas que han permanecido demasiado tiempo enterradas: fragmentada, manchada, resistiéndose a ser observada de frente, obligando a quien la busca a avanzar con cautela, recogiendo restos inconexos que solo más tarde empezarían a formar un todo inquietante.
Fue Dante quien encontró el primer hilo, no dentro de los sistemas activos —demasiado vigilados, demasiado intervenidos, saturados de mir