—Este es un regalo de parte de Isabella —dijo Jameson mientras colocaba la caja sobre la mesa de jardín.
Franklin soltó una risa cruel, una risa que resonó en el aire.
—¿Isabella? ¿No le enseñaste a tu mujer que no debe andar enviando regalos a hombres casados, con los que una vez tuvo algo? —su tono era mordaz, lleno de veneno.
Jameson frunció el ceño, sintiendo cómo la ira comenzaba a crecer en su interior.
—No seas tan cruel, Franklin. Ella se siente mal por todo lo que pasó en la b