MAYO
La película estaba lejos de terminar cuando sentí la cabeza de Edmond caer sobre mi hombro. Roncaba suavemente, e intenté ignorar el cosquilleo que me recorrió el brazo al sentir su aliento en la piel. Debería haberlo despertado —habría sido lo normal—, pero no me atreví a perturbar su tranquilo sueño. En cambio, dejé que mi mente divagara, reviviendo el recuerdo de nuestro abrazo anterior. La forma en que sus manos se posaron en mi cintura, la calidez de su cuerpo contra el mío... me acel