La fiesta finalizó, la madrugada atrapó a los que no se fueron antes, Delfina los invitó a pasar a la sala de estar donde estaba su piano y los iba a agasajar con una hermosa sinfonía. Todos se dirigieron allí
Delfina se sentó frente al piano totalmente liberada incluso quedó descalza y luego tocó “” Carta a Elisa” lo hizo con vehemencia, como si fuera ella misma la que tuviera que marchar lejos de su amor, alejarse, por la razón que fuera, lo que significaba una sensación de soledad