Aitana, bajo la mirada de todos, se sentía cada vez más agitada.
De repente, una idea surgió en su mente: si admitía ser la Señorita F, ¡sería la ganadora indiscutible de la competencia!
Y pensando que el señor Mendoza debía estar en algún lugar del recinto observándola, Aitana, emocionada, respondió con una mezcla de humildad y timidez.
—Sí, en realidad no quería que la gente lo supiera. Esta vez, por costumbre, dibujé una llama en la firma, y ya era demasiado tarde para cambiarlo, así que... j