Santiago levantó la mirada y observó a Alonso, sin decir una palabra.
Estaba a punto de preguntar por Valentina, pero era evidente que Alonso no le diría nada.
Tras una breve mirada, Santiago bajó la cabeza.
Alonso arqueó una ceja y continuó trabajando.
La noche se hacía más profunda afuera, y en todo el edificio solo quedaban Alonso y Santiago. Ambos, como si estuvieran en sincronía, se concentraban en sus respectivas tareas.
Dos horas después, Alonso se levantó para irse.
Tan pronto como se mo