Los acontecimientos frente a Valentina la dejaron sintiéndose ligera como una pluma, pero también como si un cuchillo le atravesara el corazón.
Finalmente, la envidia que había estado reprimiendo estalló. Lucía avanzó hacia Valentina con grandes zancadas, determinada a borrar la sonrisa indiferente de su rostro.
Alzó la mano, pero al descender, Valentina le sujetó firmemente la muñeca.
El sueño había renovado las fuerzas de Valentina.
No mostraba clemencia ni hacia Lucía; su agarre seguía firme,