De repente, escuchó un leve ruido detrás de él.
Antonio se volvió, y al ver quién era, su expresión se congeló.
—Abuelo…
Era don Raúl.
don Raúl estaba sentado en una silla de ruedas, con un rostro imperturbable y ojos profundos como abismos, imposibles de leer.
Cuando Antonio lo llamó, fue como si él no lo hubiera escuchado.
Pero Antonio estaba seguro, don Raúl había oído lo que Noah dijo afuera.
don Raúl se detuvo un momento, inmutable, y se dio la vuelta.
—Abuelo…
Antonio quería seguirlo, pero