En ese momento, toda la atención estaba centrada en el paño blanco, y Aitana sabía que nadie la estaba observando. Rápidamente, disimuló su alegría; como la bisnieta de don Raúl, tenía que interpretar el papel de la más profundamente afligida.
—¿Qué… qué pasó? —preguntó Aitana, su voz temblorosa por el viento del mar, su rostro reflejando inquietud.
Al oír su voz, todos voltearon a verla. Aitana los miraba fijamente, y al acercarse, su andar era inestable, como si pudiera caerse en cualquier mom