Lucía no tuvo tiempo de pensar quién era, cuando esa persona ya se había lanzado sobre ella.
No importaba cuánto luchara o rogara, era en vano. La oscuridad de la noche se profundizaba.
Poco a poco, los gritos de súplica se apagaban. Uno tras otro, Lucía ya había perdido toda esperanza en su humillación.
Los demás salían satisfechos, Jacob era el último en entrar.
A la luz de su celular, Jacob vio a la persona dentro, aunque la cinta que sellaba su boca casi le cubría media cara, la reconoció de