—¿Hasta cuándo piensas seguir esquivándome?
La voz de Santiago, grave y persistente, la acosaba sin cesar, clavando su mirada en ella sin titubear, incluso girándose en la cama para enfrentarla y forzarla a mirarlo.
Valentina frunció el ceño.
Si solo se trataba de ella evitándolo, entonces tenía argumentos para debatir.
Respiró hondo, su mirada, que al principio esquivaba la de él, lentamente se elevó, encontrándose con sus oscuros ojos.
—¿Y tú hasta cuándo piensas seguirme ocultando cosas?
Su p