Don Raúl, el homenajeado del día, era esperado por todos los invitados. Descendió lentamente desde el segundo piso en un elevador de cristal, capturando la atención de todos.
Antes de salir del elevador, don Raúl pidió a Federico que lo ayudara a levantarse, revelando así a todos el traje que llevaba puesto.
La sorpresa era evidente en el rostro de Alonso al ver el traje que supuestamente estaba dañado. Al ver a don Raúl salir del elevador, Alonso se apresuró a su encuentro, ofreciéndole su braz