Thiago miraba el montón de archivos frente a él, deseando poder golpear su cabeza contra ellos y acabar con todo. Lo único que podía hacer era rogar en silencio por la misericordia de don Santiago.
—Señorita Lancaster, en realidad, el día que logré llegar fue por orden de don Mendoza, y también por su esposo... Yo solo seguía sus instrucciones. Él es quien realmente se preocupaba por la seguridad de la señorita Lancaster... —decía Thiago, sabiendo que su jefe lo escuchaba, suplicando por clemenc