—Ahora puedes irte —dijo Santiago con voz que parecía esconder algo, recuperando de repente un tono frío y distante.
La reacción inesperada de Santiago solo aumentó la confusión de Valentina.
—¿No quieres irte? Entonces...
Antes de que Valentina pudiera terminar, Santiago la miró fijamente. En sus profundos ojos negros había un destello salvaje, como el de una bestia al acecho.
Valentina sintió un escalofrío.
—Me voy, me voy ahora mismo.
Ella se rio nerviosamente, como si temiera que la persona