La respuesta de Ana dejó a los policías bastante frustrados con su obstinación.
—Entonces, Srta. Ana, dado que no puedes demostrar la veracidad de tus palabras, y toda la evidencia en nuestras manos apunta a que tú llamaste a Silvia, provocando que perdiera las ganas de vivir y cometiera un suicidio, si no deseas llegar a un acuerdo en privado, entonces tendrás que esperar un juicio público.
Ana no dijo nada. El rostro del policía no mejoró después de mirarla. Si Ana no hubiera sido la esposa de