—Ya lo sé.
Jose asintió, sin añadir más.
Teresa sintió que esto no podía seguir así.
—Ustedes vayan a dormir, yo me quedaré aquí esperando. No se preocupen, cuando despierten mañana, seguro mamá ya habrá regresado.
—¿De verdad? —preguntaron los dos pequeños al unísono.
—¿Por qué les mentiría? Hagamos un trato con un apretón de meñique entonces.
Teresa, manteniendo su compostura, finalmente logró calmar a los dos niños.
Javier y Jose decidieron regresar a dormir. Teresa los acompañó hasta su habi