Ese imbécil, no solo no le creía a ella, sino que también la echó de vuelta, dejándola tan triste y angustiada. Sin embargo, no podía evitar seguir pensando en él en su corazón, realmente era demasiado patético. Lantit enterró su rostro en las sábanas, intentando no pensar en Lucío, pero no podía controlarse. Cada vez que pensaba en ser acusada injustamente, se sentía incómoda por todo el cuerpo, deseando poder probar su inocencia y hacer que Lucío se disculpara con ella.
...
Fuera de la habitac