Ana apretaba los dientes, aferrándose al tazón, recogía la cuchara y comía bocado a bocado.
La sopa de arroz estaba cocida a la perfección, suave y deliciosa, pero Ana simplemente no tenía el ánimo para disfrutarla.
Sin embargo, al sentir que Lucas la observaba de cerca, no tuvo más opción que forzarse a terminarse todo el tazón.
Al final, ya quería vomitar, pero aguantó la incomodidad y se obligó a tragarlo todo.
Lucas, al ver que Ana obedientemente había terminado su comida, le pasó algunas pa