144. Hasta esta noche, cariño
— Estoy comiendo un helado de menta con chocolate con una preciosa muchachita de diez años a la que llevé al parque a liberarse de unos feos guardaespaldas.
Mientras tanto, la niña hablaba muy familiarmente con un joven que no dejaba de observar a Enzo mientras acariciaba al cachorro.
—¿Debería de ponerme celoso por la muchachita?— bromeó Christian, quien parecía otra persona, con los pies arriba de su escritorio, abandonando por primera vez su riguroso porte inglés. Sabía que la pequeña era no