101. No puedo parar.

Maldita sea, Enzo se estremecía con el toque de Christian.

Estaba seguro de que Eros jamás hubiera permitido que Enzo lo ayudara si hubiera mencionado su nombre, la única razón por la cual el viejo D’Alturi lo había permitido, había sido por qué ese hombre sabía que él tenía un hijo, más no una hija, así que perfectamente creyó que estaba ayudando a alguien más.

Enzo jamás había cedido el control, quizá no era el típico activo cliché que se veía superdominante, hasta era tierno y cariñoso, sens
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