365. El encuentro
Jason
El olor del bosque me asfixiaba. Olor a tierra húmeda, a hojas rotas, a animales nocturnos en fuga. Pero nada de ella.
Mi lobo avanzaba furioso, las garras abriendo el suelo. Los otros lobos detrás de mí desaparecieron cuando Stefanos ordenó que nos separáramos.
"¿Vas a ir solo, entonces?", gruñó.
"Sí. Y tú me avisas si encuentras algo".
"Lo mismo para ti".
Solo asentí, el lobo empujándome hacia adelante.
Me adentré en la parte más densa del bosque, donde las raíces se retorcían como serp