26. Veneno
Nuria
La melodía flotaba por la habitación, pero mi mente estaba en otro lugar.
Stefanos estaba en la bañera, su presencia llenando el espacio como un trueno a punto de caer.
Mis dedos se deslizaban sobre las cuerdas del violín, produciendo notas suaves, casi vacilantes. La música debería calmarlo, pero dudaba que algo fuera capaz de eso.
El agua caliente subía alrededor de su cuerpo, pero no se llevaba su tensión. Sus hombros seguían rígidos, su mandíbula apretada.
Pero no era solo irritación.