222. Salvando a los míos

Stefanos

Volver al puesto médico era como cruzar la línea entre dos mundos.

El lobo en mí ya no andaba. Marchaba. Y a cada paso, la imagen de la oreja ensangrentada de Johan palpitaba en mi mente como una advertencia cruel de que había fallado, otra vez.

No podía permitirme el lujo de fallar de nuevo.

El portón chirrió cuando crucé la entrada. Soldados en posición, algunos mirándome con reverencia... otros con miedo. Sabían que algo había cambiado. Sabían que yo estaba diferente.

El olor a mied
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