219. Caja misteriosa
Stefanos
El camino a la mansión Suprema nunca me había parecido tan largo.
El coche cortaba la niebla de la mañana como una cuchilla, pero la sensación en mi pecho era que algo espeso y podrido se aferraba a cada respiración. La llamada de Mark aún resonaba en mis oídos. Una caja. Sangre. Miedo.
Llegué sin ceremonias, la puerta principal ya estaba abierta de par en par, los soldados en alerta, miradas tensas, todos retrocediendo al verme. No necesité preguntar nada. El olor ya me lo decía todo.