112. Propósito
Stefanos
El suelo helado bajo mis pies era un contraste bienvenido a la cálida calma que aún vibraba bajo mi piel.
Estaba descalzo, vistiendo solo unos pantalones de chándal oscuros. Sin camisa, con el pecho aún húmedo por la ducha y por la entrega que solo ella conseguía arrancarme. No lo admitiría en voz alta, pero me sentía ligero. Diferente. Como si, por primera vez en años, hubiera espacio dentro de mí para algo más allá del deber.
Pero la paz duró poco.
Caminé por los pasillos hasta el al