111. Que se haga rutina
Nuria
Aún jadeando, mantuvo su cuerpo pegado al mío durante un largo rato, como si aquel momento fuera más que deseo.
Como si fuera hogar.
El sonido del agua se mezclaba con el silencio entre nosotros, y finalmente, se apartó lo justo para mirarme a los ojos.
Con delicadeza, deslizó sus manos por mi espalda, hasta la curva de mi cintura, y me puso de pie. Pero en cuanto mis pies tocaron el suelo mojado de la ducha, mis piernas flaquearon.
"Oh, no", susurró con una sonrisa de medio lado. "No vas