Llegamos a la casa de mis padres, los niños estaban ahí por la incapacidad de Eros y su hermano que quería acompañarlo. Les contamos que ya nada nos va a separar, a pesar de que Ernesto sonreía noté que no entendía y era normal, pues era un bebé, lo tomé de la mano y me senté con él en la sala de estar.
—Mi cielo, ¿comprendes lo que estamos celebrando? —Se quedó mirándome—. Mira papi está feliz porque ya nada te podrá separar de él, ¿te acuerdas las muchachas que te entrevistaron la semana pasa