Era mi décima canción, mis amigos llegaron temprano, la discoteca estaba a punto de reventar. Me falta la última tanda de cinco canciones más. Ya era la una, en diez minutos debía volver a la tarima. César, José, David, Carlos e invitamos a Deacon, pero él salió ayer a mirar sus negocios en Grecia, se regresó con Ezio. Seguía con tanta rabia, por eso no había querido tomar, no seré como mi padre, podía hacer cualquier locura y el licor con la ira no eran buena combinación.
—Alejandro. —llamó Da