El sonido del celular me despertó, estaba tan cansada, al mirar la hora eran las once de la noche, el teléfono seguía sonando, era Alejandro suspiré.
—¿Dime?
—No pongas al niño a enviarme esos mensajes, no por ahora, por favor. —quise levantarlo a palo.
—¿En dónde quedó eso de Ernesto y yo somos un solo paquete? —silencio.
—Me encantaría que entendieras. —se notaba el dolor en su voz.
—Te lo entregaron al nacer, ha dependido de ti desde ese momento y tú le pagas de esa manera cuando él solo hab