Seis años atrás…
Ezio a diario insistió en que debía decirle al padre de mi hijo de su existencia. Tal fue la su insistencia que, a mis siete meses, decidí excusarme con no poder por mi estado y ninguna aerolínea me aceptarían en los siete meses.
—Virginia, ¿ese es tu problema?
—¡No puedo viajar! —tomó el teléfono, llamó a su capitán.
—En una hora llegará al hangar mi mano derecha, debe viajar a Bogotá, Colombia, por favor lleva a un médico ginecólogo y a una enfermera… perfecto. —¡detesto a lo