Capítulo 7.
Pensando en eso, le sonreí a la madre de Manuel, aunque no fue una sonrisa cálida, sino una mueca fría y calculadora, la de alguien que finalmente había visto a través de todas las mentiras.
—Señora, el pasado es pasado, y ahora es ahora. Si no obtengo una respuesta satisfactoria hoy, no me quedará otra opción que llamar a la brigada de desalojo.
Mi voz se mantuvo firme y calmada, pero había acero debajo. Ya no era la chica débil y desesperada que haría cualquier cosa por conseguir su aprobación