Finalmente, después de unos minutos, habla: —¿Por qué, Katya? ¿Por qué?— Suena un poco desconsolado.
—Mi madre estuvo contigo y ahora me toca a mí —le digo en el hombro—. Ya tengo edad suficiente.
—Supongo que sí—, dice mientras me acaricia el pelo hasta que me duermo.
***
Cuando me despierto a la mañana siguiente, él ya no está. Sigo en su cama. Debe haberme vuelto a poner las bragas y haberme bajado la camiseta. Oigo correr la ducha. Me siento desamparada. Sola. ¿Está avergonzado?
Me levanto