Estoy nerviosa.
Antonio me llamó esta mañana para decirme que no volvería hoy, que se retrasaría y que mañana, sin falta, estaría de regreso. Su voz sonaba tranquila, demasiado normal, y aun así… algo dentro de mí se agitó. No sé explicarlo, pero desde que colgué el teléfono, una presión incómoda se instaló en mi pecho, como si el aire se hubiera vuelto más denso.
No es normal–me repito– Nada de esto lo es.
Camino de un lado a otro del departamento, todavía en pijama, con las manos frías y